El Chapo Guzmán fue sentenciado a cadena perpetua

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EEUU:- El capo habló finalmente en la corte, tal y como habían confirmado sus abogados y se quejó de las condiciones que vivió en la cárcel.

“Voy a agradecer señor juez que me permita dar unas palabras. Por favor primero que nada quiero dar las gracias a mi esposa mis hijas mis niñas por su apoyo incondicional durante este largo proceso”, dijo el capo de capos.

Como se esperaba, Guzmán Loera se quejó de las condiciones que sufrió en la cárcel donde ha estado confinado desde que fue extraditado a EEUU desde México: “Como se sabe señor juez estado confinado durante 30 meses ha sido una gran tortura me he visto obligado a beber agua no higiénica todos los días. Se me ha negado ver la luz solar, el aire que entra no es fresco y me duele mi garganta y mi nariz. Para poder dormir tengo que tapar mis oídos con papel higiénico”.

Agregó que sufrió una tortura cruel “lo peor que vivido en mi vida ha sido una falta de respeto… estamos en pleno siglo XXI, no se debe tratar de esa forma cruel e inhumana”.

“Esperaba un juicio justo y que mi fama no fuera un factor en la administración de justicia, pero lo que pasó fue lo opuesto”, se quejó.

No obstante, dio las gracias a los guardias de la cárcel por el buen trato “que me han ayudado aguantar esta gran tortura”.

También se quejó de no haber podido tener contacto físico con los suyos y aunque se le quebró la voz, no lloró cuando se quejó de que “también a mi esposa se le ha negado el permiso que me visite, no pude abrazar a mis niñas”.

Precisamente, la esposa del del narco arribó el miércoles al tribunal para la audiencia de sentencia de su marido, en Nueva York.

Emma Coronel Aispuro ingresó al tribunal fuertemente custodiado en Brooklyn, donde Guzmán conocerá su condena por dirigir una banda de tráfico de drogas.

Coronel asistió a las sesiones del juicio incluso cuando las declaraciones de testigos se referían a ella.

La esperada vista judicial podría ser su última oportunidad de hablar de forma pública antes de pasar el resto de su vida entre rejas en una prisión estadounidense de máxima seguridad. Guzmán, de 62 años, fue condenado en febrero por varios delitos de conspiración en un enorme caso sobre narcotráfico. El veredicto de culpabilidad tras un juicio de 11 semanas conlleva lo que el gobierno describe como una sentencia muy justificada de cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.

Las pruebas mostraron que el cártel de Sinaloa, a las órdenes de Guzmán, pasó de contrabando a Estados Unidos enormes cantidades de cocaína y otras drogas durante sus 25 años al mando, según indicó la fiscalía en documentos judiciales resumiendo el juicio. Su “ejército de sicarios”, añadieron, tenía órdenes de secuestrar, torturar y asesinar a cualquiera que se interpusiera en su camino.

La defensa alegó que Guzmán era víctima de un montaje de otros traficantes, que se convirtieron en testigos del gobierno para conseguir sentencias más suaves en sus juicios.

Desde su extradición en 2017, Guzmán ha estado aislado la mayor parte del tiempo. Conscientes de su historial de fugas de prisiones mexicanas, las autoridades estadounidenses le han mantenido en aislamiento en una cárcel de Manhattan y vigilado de cerca en sus comparecencias en el tribunal de Brooklyn donde se ha instruido su caso.

Aunque el juicio estuvo dominado por la figura de Guzmán como un delincuente casi mítico, armado con una pistola con diamantes engarzados y que se mantenía un paso por delante de las autoridades, el jurado no ha oído al propio Guzmán salvo cuando dijo al juez que no declararía.

Sin embargo, las pruebas presentadas durante el proceso apuntan a que su decisión de guardar silencio en el puesto de la defensa va contra su naturaleza: varios testigos dijeron al jurado que le encanta su propia historia de cómo pasó de la pobreza a la riqueza gracias al narcotráfico y siempre estaba interesado en encontrar a un escritor o guionista que la narrara. También hubo reportes de que quería declarar en su defensa hasta que sus abogados le convencieron de lo contrario, de modo que su vista para sentencia es su última oportunidad de ser el centro de atención.

Diga lo que diga, es probable que encaje con la versión de la defensa de que es el chivo expiatorio de otros capos a los que se les dio mejor sobornar a políticos y fuerzas de seguridad mexicanas para que les protegieran mientras el gobierno estadounidense miraba para otro lado.

La fiscalía describe un imperio que financiaba aviones privados, grandes casas en primera línea de playa y un zoo privado. Y las posibilidades de que el gobierno estadounidense pueda cobrar la indemnización de aproximadamente 12.500 millones de dólares son inexistentes. El abogado defensor Jeffrey Lichtman afirmó hace poco que el caso del gobierno era “todo parte de un juicio espectáculo”.

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