La Prostituta

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En los andares de mi vida como cabaretero conocí una joven prostituta, su piel reflejaba un color bronceado, con largas piernas y exuberantes nalgas, esta joven bailaba a ritmo de música latina, dueña de una mirada conquistadora y cautivadora a la vez.

Al  verla por primera vez me di cuenta que sería imposible para mi conquistar esta joya de mujer…

Pero como el valor de un hombre lo determina la situación, sin pérdida de tiempo me acerqué y le pedí que me acompañara a la mesa.

Con una sonrisa en los labios señaló que en un momento me acompañaría, ya cuando se disponía acompañarme llegó un magnate y se la llevó a su mesa. Yo sentado en un rincón del bar solo podía ver como este vulgar señor acariciaba sus lindas piernas.

No podía contener la rabia y la impotencia, pero con mi corta edad, pues era un adolescente, me di cuenta que los perros de los pobres comen si sobra.

Entre baile y baile me conformaba con verla estirar sus piernas y mover su cadera a ritmo de música caribeña.

Horas después llegó un señor bien vestido, acompañado de dos fortachones. (Eran su seguridad) y  cuando la joven vio a este señor, sin mediar palabras se paró de la mesa del magnate y se lanzó en los brazos de aquel recién llegado.

Me sentí muy feliz al ver que la mujer se la habían quitado a quién me la quitó.

Pude apreciar que la prostituta era movida por intereses, no por principios.

Tomé un trago hasta el fondo del vaso, en señal de alegría, la cual  duró poco; minutos más tarde entendí que no importaba en cuantos brazos ella se moviese, como quiera estaba lejos de los míos.

Intenté a toda costa cruzar una mirada con esos hermosos ojos marrones cubiertos por grandes pestaña, pero me era imposible porque el señor era quien gozaba de su atención.

Luego de unas horas ya casi viendo borroso, le pregunté a un mesero por el historial de la joven.

Este de inmediato me expresó que debía darle doscientos pesos por la información, dejando ver nuevamente que todo era un negocio en ese lugar. No tuve opción, los saque del bolsillo y se lo di.

Me explicó que el primer señor era un empresario  que siempre visitaba el lugar detrás de esa joven, pero nunca había tenido la oportunidad de salir con ella porque alguien le avisaba al último señor, quien era un político quien de inmediato se presentaba al lugar y truncaba sus planes.

El empresario no le servían sus recursos ante el político.

Luego detalló que esa joven era hija de próceres y educada en los mejores colegios del mundo, con grandes valores éticos y morales, pero que ella y muchas vecinas más cayeron en manos de los políticos y estos la prostituyeron. Manifestó que los políticos habían prostituido a todas las caribeñas, pero que él se sentía bien con la prostitución porque muchas personas vivían de ese negocio.

Y me aseguró que pronto el mundo sería prostituido por los políticos si los empresarios no se involucraban en el negocio.

Fue muy triste para mí escuchar estas palabras.

Decidí partir del lugar antes de que las lágrimas corrieran por mis mejillas.

No quise marcharme del lugar sin preguntar por el nombre de la joven, el mesero me dijo que ya los doscientos pesos se me habían agotado y que debía darle cincuenta pesos para decirme el nombre.

Lo miré con cara de odio, y me dijo; señor no olvide que en este lugar todo es un negocio, no tuve más opción que darle el dinero.

De inmediato me expresó que ella se llamaba República Dominicana.

 

Actores:

El Político=Prostituidor

El Empresario= Cobarde ante la situación.

El Mesero= Beneficiario del sistema.

El Pueblo= Come si sobra.

Por/ Edward Pérez El ciudadano de la frontera

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